Desde Cuba

Langosta para los cubanos: la «gallina desplumada» de Stalin ante un pueblo que despertó

Los negocios en Cuba comenzaron a vender alimentos escasos y que son un lujo para la población, emulando la metáfora del dictador soviético Joseph Stalin, pero los cubanos ya están claros de que se trata de un intento por apaciguar las protestas por una Cuba libre

Salida del manual comunista, la dictadura cubana pone en práctica la política de intentar apaciguar al pueblo con comida luego de una brutal represión. Y es que después de las protestas iniciadas el 11 de julio pidiendo libertad, el régimen surtió almacenes con alimentos que muy pocas veces los cubanos pueden llevar a sus mesas, como en aquella fábula atribuida a Stalin sobre la gallina que lo perseguía mientras le arrojaba puñados de trigo luego de haberle causado dolor desplumándola sin piedad.

Langosta, picadillo de res, pez pargo y jamonada están apareciendo en negocios de La Habana. Largas colas se formaron afuera de una pescadería con el fin de comprar algún producto en medio del asombro. «¡Qué cantidad de cosas sacaron!», fue la declaración de un jubilado recogida por el portal 14 y Medio.

Es inevitable hacer la analogía con la fábula de «la gallina desplumada», a pesar de que en este caso ni siquiera se trata de dádivas, sino del «privilegio» de poder comprar productos que los cubanos no veían. Esta metáfora es un cínico ejemplo atribuido al dictador soviético Joseph Stalin, quien –según el relato– habría tomado una gallina por las patas frente a sus ayudantes y comenzó a desplumarla viva. “Ahora observen lo que va a sucede», habría señalado.

Al soltar al animal, adolorido y ensangrentado, habría comenzado a perseguir al dictador mientras le arrojaba puñados de trigo. «Así de fácil se gobierna a los estúpidos. ¿Vieron cómo me persiguió la gallina a pesar del dolor que le causé? Así son la mayoría de los pueblos, persiguen a sus gobernantes y políticos a pesar del dolor que les causan por el simple hecho de recibir un regalo barato o algo de comida para uno o dos días”, habría sido la moraleja del tirano.

El dictador Miguel Díaz-Canel pareciera estar aplicando una versión contemporánea de dicha metáfora, ofreciendo al pueblo la posibilidad de comprar algunos manjares en medio de una economía destruida. Pero el pueblo cubano no es estúpido. Después de más de seis décadas de dictadura perdió el miedo y no fue por una langosta o una jamonada que se lanzó a las calles, asumiendo el enorme riesgo que esto implica en la isla.

Un jubilado de nombre Marcelo cuenta que normalmente lo único disponible en la pescadería son «croquetas malísimas, que tienen mucha harina y poco pescado». Sin embargo, no quiere decir que el pueblo realmente vaya a volverse totalmente sumiso. Menos aún después de las manifestaciones del 11 de julio y de las crueles consecuencias contra quienes salieron a las calles. Mucho siguen desaparecidos, mientras otros han recibido condenas de hasta un año de prisión por expresar su descontento.

En el vecindario de Cayo Hueso vive Aurora, quien también hizo fila para comprar los «novedosos» productos. Ella reconoce que «todo esto es para tratar de calmar a la gente». Luego, lanza este razonamiento: «Todo el mundo se pregunta, si eso estaba en los almacenes por qué no lo vendían, entonces sí hacía falta tirarse para la calle para que abastecieran».

No está lejos de la realidad. La dictadura fundada por Fidel Castro y sostenida en la actualidad por Miguel Díaz-Canel ha responsabilizado por más de 60 años a Estados Unidos por la escasez de alimentos, medicinas y cuanta penuria pasan los cubanos. El «bloqueo» ha sido la principal excusa para zafarse de las responsabilidades como Estado, de fomentar la producción nacional y mantener una economía estable.

Pero de repente, durante los días de protestas, el primer ministro, Manuel Marrero, anunció que los cubanos podrían importar productos en sus equipajes. Sin límite de peso, ni pago de aranceles. ¿Dónde quedó el bloqueo? No es difícil imaginar la respuesta, pues esta restricción no estaba siendo impuesta por ningún gobierno extranjero sino por el mismo régimen cubano.

Además, es conocido que el racionamiento de alimentos es una táctica que desde hace décadas implantan regímenes autoritarios para seguir cumpliendo su rol de «papá Estado». De esta manera tienen el control sobre la población a la que causan sufrimiento y luego ofrecen «algún regalo barato o comida para uno o dos días», como la metáfora de «la gallina desplumada».

Comida para hoy, hambre para mañana

No son solo pescaderías o carnicerías, el régimen también anunció que venderá dos libras adicionales de arroz (casi un kilo) en los almacenes de alimentos racionados. También instaló ferias agrícolas en barrios donde los reclamos fueron más intensos, como La Lisa, El Cotorro y El Cerro, agregó el diario cubano.

Y para demostrar que se trata de una técnica habitual del comunismo, basta con hacer referencia a Venezuela. En diciembre de 2019 la dictadura de Nicolás Maduro vendía a bajos precios cientos de perniles a sus seguidores, para que estos pudieron incluirlo en su cena navideña, ya que este escaseaba, y el poco que había, era inaccesible por el bajo poder adquisitivo del venezolano

No solo estaba en entredicho la calidad de los perniles —importados de una región de Rusia que ha padecido el virus de la peste porcina africana— sino que además, las personas eran obligadas ante las cámaras a agradecer «a la revolución».

Los ciudadanos cubanos están conscientes de que se trata de un engaño más. Sin embargo, la escasez que padecen los lleva a hacer las largas colas ante la alta probabilidad de que el castrismo olvide nuevamente sus necesidades en poco tiempo. El pueblo cubano tiene hambre, una necesidad básica que todo ser humano necesita cubrir, pero nada lo hace olvidar que aún no ha saciado su hambre de libertad.

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