Internacional

Los cubanos fallecidos por la crecida de un río en el Darién serían más de 50

Leydis Agüero Mena, cubana de 32 años, aún no se repone de lo vivido. Desde una pensión en Costa Rica, con voz entrecortada por el llanto, relata los hechos ocurridos la fatídica noche del 23 abril, donde una creciente del río Armila, conocido como Darién, arrastró la vida y los sueños de decenas de emigrantes. 

“Todo sucedió en medio de un silencio sepulcral. Sin el más mínimo ruido, una creciente arrasó con las tiendas de campaña. Solo los gritos desesperados de auxilio me despertaron. Algunos lograron llegar nadando a la orilla, pero a la mayoría se los tragó la creciente”. 

Agüero Mena se salvó de ser arrastrada al haber instalado su tienda en una pequeña loma. “Así como creció, el río bajó. A los 30 minutos las aguas estaban calmas de nuevo, pero nada pudimos hacer por salvar a nadie. Solo había cadáveres esparramados por las orillas”.

Aterrorizados, ella y otros buscaron sobrevivientes, “pero solo vimos cadáveres arrumados, diez contra los árboles, cuatro contra las rocas y algunos en las playas”, dice, describiendo la imagen una y otra vez.

Los cadáveres los dejaron tal cual, según la indicación dada por otro emigrante, “para evitar problemas con la ley”. Ya al medio día decidieron continuar el camino, pero para Agüero Mena, cada paso iba acompañado de un dolor creciente que, según ella, llevará en el alma aun después de su muerte”.

Armila-Bajo Chiquito, 64 kilómetros plagados de peligros

Al internarse en el Darién panameño, además de enfrentarse a las fieras en la selva más tupida del mundo y a la zona de mayor pluviosidad, el emigrante se adentra en una zona de ruta para el narcotráfico, quedando a merced de bandas de criminales. 

Según Will Guerrero —personaje anónimo, conocido por los migrantes debido a las ayudas que durante 17 años les ha brindado—, en los últimos dos meses una banda compuesta por cinco colombianos y liderada por un cubano se ha vuelto el terror de la zona. “El último reporte que tengo de las fechorías de estos bandidos es del 4 mayo, pocos días después de la tragedia. Un grupo de ocho emigrantes fueron despojados de sus alimentos, dinero, teléfonos celulares y ropa. He recibido denuncias de violaciones a mujeres por parte de estos facinerosos”.

Según Guerrero, baquiano conocedor de la región, a una persona en excelentes condiciones físicas le toma cinco días cubrir el trayecto entre Armila y Bajo Chiquito. “Pero no se puede desconocer que en estas caravanas van mujeres embarazadas, niños, ancianos y bebés de brazos, cosa que obliga a los emigrantes a moderar el paso. Es normal que les tome entre siete y ocho días llegar de un campamento al otro”. 

Guerrero continúa: “son decenas de emigrantes los que han muerto al cruzar la selva. En mis registros tengo reportes de crecientes [del río] donde han fallecido en 2016 y 2018, antes de esta más reciente”.

Habitante del Darién, una fuente que pide reservar su nombre cuenta sobre los peligros de la región: “En especial el río Darién se caracteriza por estar plagado de caimanes, además se debe tener en cuenta que se está en época de lluvias, los ríos se desbordan, lo que les permite llegar a zonas terrestres. Me atrevo a asegurar que varios cadáveres pudieron ser devorados por estos reptiles”.

A la pregunta de por qué los emigrantes acampan a orillas de los ríos, responde: “ellos no están acostumbrados a una zona tan caliente y húmeda, vienen mal alimentados, cansados y viajando por meses. Apenas llegan a un río buscan la playa para descansar, para estar cerca del agua. Pero desconocen el clima, el terreno, y no se imaginan lo que pueda suceder”. 

Comisión de Derechos Humanos de Costa Rica: los muertos superan los cincuenta 

En entrevista a DIARIO DE CUBA, Luis Herrero Anaya, delegado del organismo de Derechos Humanos, confirmó la muerte de más de medio centenar de migrantes. “Desde diferentes vórtices y fuentes se puede hablar de 53 muertos, pero confirmación de una autoridad panameña no tenemos aún. El Comité de Derechos Humanos de Costa Rica desplazó a la frontera un delegado, para corroborar con el Departamento de Investigación de Panamá (DIJ)”.

Según Herrero Anaya, a este drama se le suma un inconveniente: “un examen de ADN tiene un valor de cerca de 1.000 dólares en Costa Rica. Nuestra organización no cuenta con recursos para cubrir los gastos de una tragedia de esta magnitud y, mucho menos, para ocuparse de los emigrantes dolientes”.

A la pregunta de si han informado o solicitado alguna ayuda al Gobierno cubano, Herrero Anaya responde: “No, en ningún momento. Tenemos diferentes petitorias en este sentido, por parte de los emigrantes, de no hacerlo. El por qué, me lo reservo”.

Al hablar sobre el tema con una emigrante, este corresponsal recibió la siguiente respuesta:”El cubano, cuando emigra, es un desertor para el Gobierno. A nosotros nos mueve el anhelo de libertad. Yo sé que en esta aventura la muerte es nuestra compañera más incondicional; pero aun la muerte es un paso hacia la libertad”.

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