Desde Cuba

El Manual para una marcha de protesta exitosa

Nuestro fruto, que, para usar una frase de José Martí, ha requerido “una gestación natural y laboriosa”, ya está madurando

Si hubiera escrito este artículo antes del 15 de noviembre, me hubieran tildado, más que de pesimista y ave de mal agüero, saboteador de manifestaciones, por desalentar una marcha de protesta, y de cierto modo habrían tenido razón. No podía convertirme en colaborador de los opresores. Pero lo cierto es que en términos generales, sabía cuál iba a ser el resultado.

Fueron muy valientes los que en Cuba convocaron a la marcha, la plataforma Archipiélago, e incluso los que llegaron a protestar. Pero no solo con valor se ganan las batallas. Hay que saber cuándo deben librarse y cómo.

Aunque algunos crean que las protestas del 11 de julio no fueron exitosas por no haberse logrado en ese momento la victoria final contra la tiranía como muchos esperaban entonces, están en un error

Aunque algunos crean que las protestas del 11 de julio no fueron exitosas por no haberse logrado en ese momento la victoria final contra la tiranía como muchos esperaban entonces, están en un error. Fue, por el contrario, una gran victoria, porque despertaron de su letargo a la sociedad civil: a los estudiantes, a los profesionales, a los artistas, a los clérigos, a los masones, incluso a muchos que hasta entonces habían sido incondicionales partidarios del status. Ya los opresores no se atreven a convocar multitudinarias manifestaciones como eran usuales en el pasado, porque el fantasma de Ceausescu anda rondando por los pasillos del Palacio de la Revolución y, cuando se atrevieron a convocar un llamado de “reafirmación revolucionaria”, muchos de los que supuestamente debían haber estado presentes, se negaron a asistir. Pero aunque la gloriosa gesta del 11 de julio fue victoriosa, ninguna guerra se gana con una sola batalla.

El resultado de la convocatoria del 15 de noviembre dio lugar a que algunos, como el corresponsal de CNN, Patrick Oppmann, reportara desde La Habana, mientras presentaba tomas de un recorrido por las calles de la capital en aparente calma, que el régimen logró “mantener el control” y se preguntara: “¿Por qué no salieron los cubanos a protestar?”, a diferencia de Euronews, que puso en su noticiero imágenes no solo del “gran despliegue policial”, sino además, de detenciones en la calle de manifestantes que gritaban vivas a la libertad y a la democracia, y reportara las detenciones de conocidos líderes de la oposición como Manuel Cuesta Morúa, Guillermo Fariñas y Berta Soler.

Para ser justos, la respuesta parcial a la pregunta de Oppmann la daría él mismo: “Esta vez el Gobierno cubano tuvo tiempo para prepararse”. Y es verdad.

Cuando días antes me llamara mi hija desde Ecuador para preguntarme qué creía que iba a pasar, le contesté con un dicho popular muy escuchado en mi infancia: “Guerra avisada no mata soldados”. La del 11 de julio fue una explosión social y tomó por sorpresa no solo al Gobierno, sino incluso a la mayoría de los opositores. Comenzó en un solo municipio y no hubo que convocarla nacionalmente porque rápidamente se extendió por todo el país gracias a las redes sociales.

Cuando meses antes del 11 de julio algunos exiliados pretendieron convocar desde Miami algo parecido, dije en un artículo: “Las explosiones sociales no se convocan”. Sin embargo, era para mí evidente que no demoraría mucho para que de todas maneras esa explosión se produjera. Por eso luego, cuando se produjo el estallido, me reía de las alegaciones gubernamentales de que todo había sido planificado por la CIA y los cubanos del sur de Florida.

Pero en el caso del 15 de noviembre, el hecho de que los resultados no fueran los esperados no se explica solo porque fuese una “guerra avisada”, sino también porque fue una convocatoria a destiempo. Las heridas de la represión del pasado julio aún no estaban restañadas y numerosos manifestantes estaban aún encarcelados.

Pero en el caso del 15 de noviembre, el hecho de que los resultados no fueran los esperados no se explica solo porque fuese una “guerra avisada”, sino también porque fue una convocatoria a destiempo

Y esto me recordó al fracaso de la llamada Guerra Chiquita en el siglo XIX, convocada muy poco tiempo después de terminada la Guerra de los Diez Años. Fue necesario un tiempo de preparación como la que lideró Martí al frente del Partido Revolucionario Cubano para librar la contienda final. La comparación, por supuesto, es salvando las distancias, pues lo que entonces se realizaba en años, en este siglo puede lograrse en pocos días, en gran parte gracias a la tecnología.

El 11 de julio, además, cayó en domingo, un día en que la mayoría de los trabajadores y los estudiantes se encontraban en sus casas. El efecto no es el mismo en los días entre semana. Para muchos es engorroso ausentarse de un centro laboral o de un colegio para unirse a una manifestación antigubernamental, anunciada o no anunciada.

“Cada cosa bajo el cielo tiene su hora”, se dice en Eclesiastés. El campesino cubano era muy paciente y sabía siempre cuál era la fecha exacta para la cosecha, cuál la luna perfecta y, mientras tanto, regaba sus plantas y las cuidaba. Para nosotros ya no habrá que esperar tanto y no debemos precipitarnos. Nuestro fruto, que, para usar una frase de José Martí, ha requerido “una gestación natural y laboriosa”, ya está madurando.

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