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Internacional

Bolivia ahora sin líder yace en el caos

Bolivia permanecía el lunes bajo un caótico vacío de poder con un congreso que intentaba reunirse para nombrar a un presidente para reemplazar al renunciante Evo Morales en medio de acciones de violencia emprendida desde ambos lados del espectro político.

A finales de la tarde del lunes aún se desconocía la identidad del sucesor de Morales, quien renunció el domingo en medio de masivas protestas, acusaciones de fraude electoral y bajo presión de las fuerzas armadas.

Pero incluso mientras Bolivia se preparaba a recoger las piezas de su democracia, la región intentaba acostumbrarse a la nueva realidad: el derrocamiento de Morales, quien había estado en el poder desde 2006 y era visto por algunos como un pilar de estabilidad política y económica, incluso por aquellos que se opusieron a su marca de socialismo latinoamericano

“Después de la renuncia de [Morales], vale la pena recordar lo que ocurrió antes de que asumiera el cargo en 2006. Es decir, grandes cantidades de inestabilidad política y una serie de presidencias de corta duración”, escribió Fiona Mackie, directora regional para América Latina de The Economist Inteligencia. “Es cada vez más probable que veamos un regreso a una situación similar, ya que la sociedad está profundamente polarizada, y teniendo en cuenta que Morales conserva una base de apoyo leal y vocal. En este entorno, es improbable que los disturbios sociales desaparezcan pronto

La repentina expulsión de Morales se produjo cuando la izquierda de América Latina parecía estar resurgiendo, dijo Dimitris Pantoulas, un analista político con sede en Venezuela.

Con Manuel López Obrador dirigiendo a México y Alberto Fernández ganando las elecciones del 27 de octubre en Argentina “estábamos viendo surgir un nuevo eje de gobiernos progresistas y Bolivia iba a ser parte de eso”, dijo. “Pero con la pérdida de [Morales], obviamente, ese proyecto se vuelve más complicado”.

Del mismo modo, la expulsión de Morales es un impulso para los grupos de oposición en Nicaragua, Venezuela y otros lugares que están tratando de sacudirse a los líderes autoritarios profundamente arraigados.

“Para la oposición venezolana esto es un alivio”, dijo Pantoulas. “Es un soplo de esperanza mostrando que cualquier gobierno [no importa cuán poderoso] puede caer”.

El presidente Donald Trump también vio la salida de Morales como esperanzador y advirtió a los presidentes de Venezuela y Nicaragua, Nicolás Maduro y Daniel Ortega, respectivamente, que deberían poner sus barbas en remojo ante la salida del poder de Morales.

“Estos acontecimientos lanzan una fuerte señal a los regímenes ilegítimos en Venezuela y Nicaragua de que la democracia y la voluntad del pueblo siempre prevalecerán”, aseguró Trump en un comunicado. “Ahora estamos un paso más cerca de un hemisferio occidental completamente democrático, próspero y libre”, afirmó.

“Estados Unidos aplaude al pueblo boliviano por exigir libertad y al ejército boliviano por acatar su juramento de proteger no solo a una persona, sino a la constitución de Bolivia”, agregó.

Morales renunció el domingo poco después que las fuerzas armadas de Bolivia le “sugirieran” que renunciara “por el bien del país”.

Morales y sus aliados en la región — Venezuela, Nicaragua, Cuba, Uruguay y México— luego denunciaron que esa “sugerencia” convertía los acontecimientos en un golpe de estado.

Para otros, sin embargo, la expulsión de Morales fue vista como democracia en acción, un paso necesario después de que el presidente boliviano intentara al poder a través de una controvertida y cuestionable elección del 20 de octubre.

El domingo, la Organización de Estados Americanos dijo que sus auditores encontraron la elección profundamente defectuosa y pidieron que se anulara.

Aunque Morales ofreció el domingo celebrar nuevas elecciones en un último intento por apaciguar a los manifestantes, sus rivales y críticos dijeron que tenía que renunciar por tratar de robar las elecciones.

A finales de la tarde del lunes, medios de comunicación informaron que Morales había aceptado la oferta de asilo político ofrecido por México, pero no estaba claro cuándo podría viajar en medio de la agitación social del país. En las horas transcurridas desde que renunció, más de una docena de autobuses han sido incendiados, y las casas de los líderes pro y antigubernamentales han sido saqueadas. Morales dijo que su propia casa había sido saqueada y destruida por turbas enojadas.

El lunes, Morales culpó a la policía por ser parte de un “golpe de estado cívico-político-policial” y por matar a manifestantes civiles. También dijo que le habían dicho que había “órdenes ilegales” de arrestarlo.

“Pido a mi pueblo con mucho cariño y respeto cuidar la paz y no caer en la violencia de grupos que buscan destruir el estado de derecho. No podemos enfrentarnos entre hermanos bolivianos. Hago un llamado urgente a resolver cualquier diferencia con el diálogo y la concertación”, dijo el ex gobernante.

Para complicar las cosas, una ola de renuncias ha dejado al país sin timón. Jeanine Añez, la segunda vicepresidenta del Senado y miembro del partido opositor Unidad Democrática, dijo que es la siguiente en la línea de sucesión después de que la vicepresidenta del país y los jefes de la Cámara de Representantes y el Senado también renunciaran.

Pero no estaba claro cómo iba a ocupar el puesto. El lunes, el líder de la oposición y candidato presidencial, Carlos Mesa, estaba suplicando a los partidarios que no hostigaran a los legisladores del partido gobernante y les permitieran llegar al congreso, donde eran necesarios para establecer quórum. El partido del Movimiento hacia el Socialismo (MAS) de Morales controla aproximadamente dos tercios del congreso.

La OEA instó el lunes al Congreso de Bolivia a reunirse para resolver el vacío de liderazgo. También convocó una reunión de emergencia del Consejo Permanente de la OEA para el martes para abordar la crisis.

Mackie, con The Economist Intelligence Unit, dijo que el camino por recorrer es incierto.

“El camino hacia nuevas elecciones no será fácil en este entorno. Todavía no está claro quién asumirá el cargo de presidente interino, cuándo se celebrarán las nuevas elecciones y bajo qué condiciones”, escribió. “Se necesitarán cambios en la autoridad electoral y la asistencia de observadores internacionales para que cualquier nuevo proceso electoral se desarrolle sin problemas y tenga algún sentido de validez”.

Morales llegó al poder en 2006 y, junto con el venezolano Hugo Chávez y el ecuatoriano Rafael Correa, se convirtió en un símbolo de la izquierda creciente de América Latina. Un líder indígena que fue visto como un defensor de la población rural pobre, se le otorgó a Morales la responsabilidad de gobernar bajo una economía en auge.

Pero también se aferró al poder, cambiando la constitución para poder postularse nuevamente. En 2016, celebró un referéndum pidiendo a la nación modificar las reglas del juego para lanzarse por cuarta ve. A pesar de que rechazaron la idea, él volvió a postularse de todos modos, diciendo que no hacerlo violaría sus “derechos humanos”.

Los problemas comenzaron la noche de las elecciones. Con el 83 por ciento de los votos contados, el sistema de conteo mostró que Morales estaba a la cabeza pero no lo suficiente como para evitar una segunda vuelta contra Mesa. Sin embargo, la plataforma estuvo fuera de línea durante 23 horas, y cuando se restauró, el liderazgo de Morales había crecido lo suficiente como para darle una victoria de primera ronda.

El domingo, la OEA dijo que las autoridades electorales bolivianas no podían explicar la interrupción del sistema. Además, los auditores descubrieron que un servidor informático no registrado anteriormente comenzó a procesar los resultados cuando el sistema volvió a estar en línea. En su informe, la OEA dijo que el voto fue “gravemente” defectuoso y debería ser anulado.

“Seamos claros”, dijo Mesa el lunes. “En Bolivia no ha habido un golpe sino una movilización ciudadana legítima y masiva, una verdadera primavera democrática boliviana”.

Quizás en ningún lugar se discuta más amargamente la caída de Morales que en Venezuela, donde Nicolás Maduro ha estado en el poder desde 2013 y el líder opositor Juan Guaidó, considerado el presidente legítimo del país por Washington y más de 50 otras naciones, ha estado tratando de expulsarlo.

Maduro está acusando a la OEA y otros intereses respaldados por Washington de desatar una “represión brutal” en Bolivia “y un golpe de estado contra nuestro país hermano”.

Mientras tanto, Guaidó aclamaba la destitución de Morales como un “huracán de la democracia”.

Guaidó está convocando a una manifestación nacional el sábado que podría recibir un impulso del giro de los acontecimientos en Bolivia. Aun así, esa marcha se enfrenta a la resistencia de algunas facciones de la oposición que lo ven como inútil, particularmente porque el ejército de Venezuela todavía respalda a Maduro.

El papel de los militares es la diferencia crucial entre Bolivia y Venezuela, dijeron los analistas.

En Bolivia, el ejército permaneció relativamente independiente y cuando rompieron filas con Morales durante el fin de semana, estaba claro que ya no podía gobernar, dijo Antonio De La Cruz, director ejecutivo de InterAmerican Trends, una firma de consultoría política.

En Venezuela, sin embargo, el aparato militar y de seguridad está mucho más en deuda con Maduro y el partido gobernante PSUV. Además, el ejército es un beneficiario clave de la máquina de corrupción del país, dijo.

“Los grupos que controlan el tráfico de drogas, el contrabando y la corrupción son los que gobiernan Venezuela y son grupos que están altamente motivados para permanecer en el poder”, dijo. En ese sentido, “es difícil imaginar una situación en Venezuela como la que sucedió en [Bolivia]”.

Pantoulas, el analista, dijo que aún es demasiado pronto para extraer lecciones importantes de Bolivia.

Si en los próximos días el país adopta la democracia y el pluralismo, entonces podría ser un faro para otros ansiosos de un cambio democrático, incluidas facciones más moderadas dentro del partido gobernante de Venezuela, o chavistas, dijo.

“Pero si en Bolivia la restauración de la democracia no ocurre, y vemos represalias y venganza, esos chavistas moderados que consideraron negociaciones, por ejemplo, no lo harán”, dijo. “Porque van a pensar que lo único que les depara el futuro es la cárcel o la muerte”.

Antonio María Delgado colaboró con este artículo desde Miami.

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