Lun. Dic 4th, 2023

Y entre los reclamos debería estar que La Habana entierre el hacha de guerra con EEUU, como en su momento hicieron chinos y vietnamitas.

Que maravilla! Los nuevos emprendedores «privados», como parte que son del pueblo cubano, gozan del derecho humano de criticar al presidente… de Estados Unidos. Y ni cortos ni perezosos hace poco le enviaron una carta al mismísimo Biden pidiéndole, o mejor, exigiéndole que cambie la —según ellos— dañina política norteamericana hacia Cuba.

Y aunque hay gente como el profesor Carlos Lazo y su secta de fanáticos adoradores de la leche en polvo, que jamás dejarán de criticar la paja en el ojo ajeno (embargo) mientras nada dicen de la viga clavada en el propio (castrismo), debemos tener fe en el mejoramiento humano y esperar que los nuevos empresarios cubanos no sean así y, eventualmente, comiencen a exigir que se cambien algunos «detallitos» aquí antes de hacer reclamaciones allá.

En ese sentido, no hay siquiera que entrar al contenido de la susodicha carta, muy probablemente redactada en el Departamento Ideológico del Partido Comunista y puesta a circular por algunos dueños de MIPYMES «independientes». La carta, como gesto en sí mismo, ya tiene dos lecciones fundamentales: quién nos representa como interlocutor y qué se puede o no exigir en Cuba.

La primera lección es aceptar que desde Cuba hay que hablar con Estados Unidos, y que el interlocutor no debe ser un grupito de pequeños emprendedores propietarios de puestos de fritas y habitaciones de alquiler, sino el Gobierno nacional.

Así, no hay política más importante para cualquier Gobierno cubano que conservar las mejores relaciones con su poderoso vecino, y para ello hay que abandonar las vanidades de una relación de igual a igual, pues ni somos iguales ni tenemos la misma necesidad mutua. Si algo habrá que agradecerle al castrismo es haber demostrado que Estados Unidos puede vivir perfectamente sin pensar siquiera en Cuba, pero que a los cubanos se les hace extremadamente doloroso vivir y prosperar de espaldas al «norte revuelto y brutal».

Entonces, si algo deben demandar los emprendedores es que La Habana entierre el hacha de guerra como en su momento hicieron chinos y vietnamitas, y se abra una política orientada a ganarse el favor de Washington, sin que desde este lado del estrecho de la Florida nadie jamás vuelva a mencionar paparruchadas demagógicas tales como soberanía o dignidad —categorías solo aplicables a individuos—, que nada tienen que aportar a la realpolitik de las relaciones internacionales.

Por antilope

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