La artista cubana Nara Miranda Lorigados compartió este martes los trabajos que pasan las madres en La Habana con el transporte para la escuela. En su caso particular, un poco más porque su hijo es autista y necesita una preparación previa que puede ser por gusto algunos días.

«En el malecón, hace un rato, viendo el mar de la mañana. Descubriendo palabras grabadas en el muro… (¿quién será Chiqui?) Y aprovechando que hoy sí pasó la guagua de la escuela de mi hijo mayor. Las guaguas de escuelas especiales siguen funcionando, milagrosamente. Fallan dos o tres veces a la semana. A veces sólo una vez», contó en Facebook.

«Vivimos en la incertidumbre. A veces logran llevar al niño hacia allá, y al mediodía te llega un mensaje de que vayas a buscarlo tú misma, porque no hay combustible para regresar, o se rompió una pieza, o lo que sea».

«Otras veces ni siquiera logran llevarlo allá. Hago el esfuerzo de tenerlo listo y vestido antes de las siete de la mañana, parado en el punto de recogida, con su almuerzo en la mochila, con la actitud y la idea correcta; contento y todo, diciendo: ‘¡Guagua, escuela, maestra!’ Y entonces la guagua no pasa».

«Los niños autistas necesitan saber lo que va a pasar. Anticipar y prepararse mentalmente. No manejan bien los cambios bruscos en el plan. Que él vaya contento al punto de recogida lleva un trabajo previo, establecer una rutina».

«Cuando la guagua falla, toda esa preparación se vuelve un problema. Lo que iba a pasar, ya no va a ocurrir. Llamo a la maestra que siempre los cuida en el traslado, y me dice algo de una manguera rota, o que no hay combustible, o lo que sea. No se oye bien. Tengo que hablar alto: ‘¡¿Qué?! ¿Y tiene arreglo? ¿No? ¿ENTONCES NO HAY GUAGUA?! Ah. Gracias…»

«Ahí Santiago, que entiende perfectamente la frase, se altera. ‘¿Guagua? ¡La guagua está rota! ¡OH NO! ¡¡ADIÓS GUAGUA!! ¡¡ADIÓS ESCUELA!!’ Y así gritando hasta la casa… Hasta la casa, porque ese día no voy a llevarlo hasta Nuevo Vedado, en la ruta 27, comprimido entre personas desconocidas, en medio de la incomprensión mutua. La gente no entiende porqué un niño tan grande va protestando en una jerigonza extraña, hay hasta quien me pregunta qué idioma está hablando».

«Santiago, por su parte, no entiende por qué esas personas, que no conoce, se le acercan tanto y tratan de aplastarlo entre todos… Así que no lo llevo, porque además, si no hay guagua escolar por la mañana, tampoco la hay para el regreso, y eso sería otra ruta 27. Sin hablar del tiempo de espera en la parada.

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Por cubabella

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