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Sur de Florida

Estado de emergencia en la Florida

Bajo presión, la oficina del gobernador de Florida, Ron DeSantis, dijo que el estado comenzaría a reportar datos de hospitalización diaria para los 67 condados. DeSantis se negó el martes 7 de julio a abordar el hecho.

Unos días antes de la festividad del 4 de julio tocó a mi puerta un empleado de una tienda de artículos electrónicos. Traía una televisión nueva y, siguiendo el protocolo del establecimiento, no entró hasta colocarse unas bolsas de plástico sobre los zapatos y desinfectar la caja. Me saludó con mascarilla y le correspondí recibiéndolo con mi protector facial.

Mientras hacía la instalación, conversamos manteniendo la distancia. El técnico se lamentó de la cantidad de personas que en la ciudad de Miami lo recibían sin mascarillas. Algunos, me dijo, lo habían increpado cuando les explicaba que no podía entrar si no llevaban protección al igual que él.

“Me dicen que en sus casas nadie les ordena qué deben hacer”, me comentó. Casos en los que sencillamente no pudo hacer su trabajo y, frustrado, se marchaba con la mercancía.

Lo que me relató el amable técnico corroboraba señales alarmantes: Florida es uno de los estados donde el contagio por coronavirus se ha disparado como consecuencia de una política laxa del gobernador Ron DeSantis y de la irresponsabilidad colectiva.

Atrás quedaban las primeras semanas del estallido de la pandemia, cuando el gobernador presumía de tener todo bajo control y se comparaba, no sin cierta condescendencia, con el estado de Nueva York, epicentro en aquel momento de la epidemia. Ante la grave crisis sanitaria, el gobernador Andrew Cuomo tomó medidas draconianas que, hasta el día de hoy, en vista de los rebrotes en otras partes del país, se suavizan gradualmente por el temor a revivir las situaciones dramáticas que padecieron los neoyorquinos.

De hecho, el domingo Florida estableció un récord nacional con 15,300 nuevos contagios diarios, superando con creces la marca de Nueva York de 12,847 casos.

Ahora DeSantis se defiende en ruedas de prensa en las que los medios exigen que las autoridades sean más transparentes en relación al número de hospitalizaciones por COVID-19, y expliquen por qué se ha fracasado en el rastreo de casos para poner freno a la ola de contagios.

Con 1 de cada 100 residentes en Florida positivo y un incremento del 88% de hospitalizaciones desde el pasado 23 de junio, el gobernador insiste en que se ha estabilizado el número de casos confirmados y se resiste a ordenar el uso obligatorio de mascarillas en todo el estado.

Sin embargo, en su comparecencia el pasado martes 7 de julio en un centro médico en Miami facilitó datos muy preocupantes: en los hospitales del Jackson Memorial, que es la red de hospitales públicos más grande del estado, se están haciendo pruebas a las personas que ingresan por motivos no relacionados al coronavirus y del 30% al 40% había dado positivo. Precisamente ese mismo día anunció que enviarían 100 enfermeros adicionales a las unidades de cuidados intensivos del Jackson Memorial por la saturación de pacientes.

El perfil de los enfermos de COVID-19 que ahora ocupan las camas de los hospitales oscila entre los 18 y 35 años. Los epidemiólogos coinciden en que la mayoría de los casos en Florida, en especial en el condado Miami-Dade, que es el mayor foco en estos momentos, se ha originado en las recientes manifestaciones, reuniones familiares, fiestas en las casas, playas concurridas y bares que en gran parte del estado volvieron a abrir antes de tiempo.

Poco después de una reapertura que ahora muchos consideran fue prematura y sin un plan de contingencia, un grupo de 16 jóvenes se infectó tras una reunión en un bar en Jacksonville. Fue uno de los primeros casos que hizo sonar alarmas.

Después de una cuarentena que nunca fue como los confinamientos en Nueva York o en Massachusetts, los floridanos corrieron a congregarse en playas y celebrar en grupos, muchos de ellos ignorando el distanciamiento social y sin protección alguna.

El comportamiento de quienes se han tomado a la ligera la pandemia, incluso negando la existencia del virus y convirtiendo el uso de la mascarilla en una guerra de signo ideológico, es el reflejo de una política estatal que ha propiciado el desconcierto y contradicciones en los gobiernos locales.

Hoy los floridanos se enfrentan a la dura realidad de hospitales desbordados y jóvenes conectados a respiradores Atrás quedaron los días cuando el sufrimiento de otros parecía lejano y ajeno.

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